Costa Rica tiene un problema de velocidad para verificar la política: durante las elecciones de 2026, la inteligencia artificial generativa apareció en 55 de 257 incidentes de desinformación y el 77,4 % quedó sin una respuesta visible. Cuando llegó una reacción, el contenido ya circulaba y había empezado a organizar la conversación pública.
La desinformación llegó antes que la respuesta
Costa Rica votó el 1 de febrero de 2026. Entre el 1 de enero y el 1 de marzo, un equipo del Programa de Libertad de Expresión y Derecho a la Información de la Universidad de Costa Rica, junto con el Observatorio Complutense de Desinformación, documentó 257 incidentes durante ese proceso electoral. El informe fue presentado el 6 de octubre.
La investigación aplicó por primera vez en Costa Rica la metodología de Interferencia y Manipulación de la Información, conocida como IMI. El método observa los contenidos, sus canales de circulación, los actores involucrados, los objetivos, las audiencias afectadas y las respuestas disponibles. Su alcance cubre los incidentes identificados durante el periodo estudiado, no todo lo que circuló en internet.
El dato que define el problema operativo aparece en la respuesta. De los 257 incidentes registrados, 199 no recibieron corrección, verificación o medida visible, según el análisis difundido por la UCR y explicado también por NAICR. El porcentaje representa una brecha entre la velocidad de circulación y la capacidad de respuesta del ecosistema.
Ese resultado requiere precisión. El informe registra la ausencia de una reacción visible asociada a cada incidente. Cuando hubo respuesta, provino sobre todo de las instituciones afectadas, los medios de comunicación y los proyectos de verificación, generalmente después de que el contenido ya había comenzado a circular. La dificultad estuvo en que esas reacciones llegaron detrás de piezas capaces de moverse por múltiples cuentas y plataformas.
La inteligencia artificial le dio apariencia al rumor
La inteligencia artificial generativa produce o modifica imágenes, videos y audios a partir de instrucciones. En la elección costarricense, su función principal consistió en dar apariencia visual o sonora a narrativas que ya circulaban. El informe presentado por Semanario Universidad permite entender el cambio con ejemplos concretos.
Casi una tercera parte de las piezas producidas con IA mostraba falsamente a figuras políticas costarricenses junto a Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Fidel Castro o Hugo Chávez. Las imágenes buscaban asociar candidaturas con gobiernos autoritarios mediante escenas fabricadas. La tecnología aportó una representación fácil de mirar y compartir para ideas que ya tenían espacio en la disputa electoral.
Un video falso en el que Maduro supuestamente pedía votar por Ariel Robles acumuló 298.000 visualizaciones en Facebook. Un audio que imitaba la voz de Marta Esquivel superó las 12.300 reproducciones en TikTok. En ambos casos, la escala de circulación convirtió una falsedad en un objeto público antes de que la persona afectada pudiera explicar el montaje.
La amplificación describe precisamente ese salto: producir muchas versiones de un mensaje y ponerlas a circular con rapidez, repetición y apariencia suficiente para captar atención. Una pieza puede ser falsa desde su origen y aun así ocupar conversaciones, titulares, comentarios y respuestas. La verificación posterior debe seguir un rastro repartido entre cuentas, plataformas y nuevas versiones del mismo contenido.
El problema empieza antes del deepfake
La palabra deepfake suele llevar la discusión hacia el video falso de una persona. El informe muestra una dificultad más amplia. La manipulación puede aparecer en una fotografía, un audio, un contexto, una conexión entre hechos o una escena presentada como sátira. Cada formato exige revisar procedencia, fecha, contexto, cuenta de origen y confirmación independiente.
Un video con apariencia real puede presentar una acción inexistente. Una voz reconocible puede decir palabras que nunca pronunció. Una fotografía auténtica puede recibir modificaciones que cambian su significado. La apariencia deja de ofrecer una prueba suficiente. La persona que verifica necesita reconstruir qué ocurrió, quién publicó primero el material y qué fuentes independientes sostienen la afirmación.
La multitud piensa en imágenes, escribió Le Bon, el psicólogo francés que publicó Psicología de las multitudes en 1895. En una elección, esa observación adquiere una consecuencia práctica. La imagen de una candidata junto a un líder extranjero puede instalar una asociación en segundos. La explicación correcta requiere más tiempo, contexto y atención. La velocidad favorece la escena inicial, mientras la corrección llega cargada de notas al pie.
El TSE también fue blanco de la disputa
Entre los principales objetivos identificados estuvo el Tribunal Supremo de Elecciones. Circularon mensajes que cuestionaban su legitimidad, hablaban de un supuesto fraude y ponían en duda el conteo de los votos. Después del 1 de febrero, aumentaron los contenidos que discutían la legitimidad de los resultados durante la revisión definitiva del proceso.
Atacar a una candidatura afecta la percepción sobre una opción política. Atacar al árbitro electoral compromete la confianza en las reglas que permiten determinar el resultado. Esa diferencia cambia la prioridad de la respuesta. Una organización pública necesita proteger la información verificable sobre el proceso antes de que cada duda se convierta en una acusación separada.
El informe identificó que Facebook concentró la mayor cantidad de casos, seguido por TikTok. También analizó contenidos publicados en Instagram y X, además de seguir 269 cuentas activas vinculadas con candidaturas, partidos, medios, verificadores, comunidades digitales y generadores de contenido, según el reporte de Semanario Universidad.
La distribución entre plataformas vuelve insuficiente una reacción confinada a un solo canal. Una aclaración publicada en el sitio institucional puede resultar correcta y quedar fuera de la conversación donde nació el montaje. La respuesta necesita reconocer la ruta del contenido, sus repeticiones y las audiencias que recibieron cada versión.
La verificación necesita ganar minutos
La primera recomendación del informe apunta a fortalecer la escucha social y la detección temprana. Escuchar significa observar conversaciones, cuentas, repeticiones y cambios de lenguaje para identificar una pieza antes de que alcance una escala difícil de corregir. Detectar temprano permite reunir evidencia, consultar a la fuente afectada y decidir una respuesta proporcionada.
En Shift Latam, una lectura de escucha social empieza por fijar qué comportamiento activaría una revisión. Shift Costa Rica aplicó ese criterio a 2.600 comentarios de usuarios costarricenses en Facebook, X y Reddit, recopilados entre el 1 y el 16 de julio de 2026. El trabajo está explicado en “Social listening con IA en Costa Rica: leer señales antes de una crisis”.
La velocidad, por sí sola, tampoco resuelve el problema. Una reacción precipitada puede repetir el contenido falso, darle mayor alcance o confundir una sátira con una afirmación engañosa. El equipo responsable necesita reglas previas para clasificar el riesgo, verificar el origen, definir quién habla y establecer qué evidencia puede publicarse sin amplificar el montaje.
Ese trabajo corresponde a un ecosistema amplio. Incluye al organismo electoral, partidos, candidaturas, plataformas, instituciones públicas, medios, verificadores, academia y ciudadanía. Cada actor controla una parte distinta de la información. La coordinación importa porque una institución puede conocer el hecho, un medio puede contextualizarlo y una plataforma puede tener datos sobre su distribución.
El informe también propone mejores protocolos antes, durante y después de las elecciones, alfabetización mediática e informacional, etiquetado de contenidos sintéticos y actualización de las reglas sobre propaganda digital y transparencia publicitaria. La respuesta debe proteger el derecho de las personas a buscar, recibir y difundir información, como señaló Giselle Boza Solano, coordinadora de Proledi-UCR.
La lección para una organización que enfrenta un montaje político es concreta: registrar cuándo apareció, guardar sus versiones, identificar dónde se repite, medir su alcance observable y confirmar los hechos antes de responder. Después corresponde elegir el canal y el vocero capaces de llegar a la misma audiencia. La corrección tardía necesita precisión para recuperar terreno.